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Hermana Anne Woodeshick

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Edad 86

Mujer amable, de profunda fe y tranquila confianza en sí misma, Hermana Anne dedicó con humildad toda su vida al amor y al servicio.

La feliz vida familiar de Anne y su educación primaria en la parroquia San Cirilo de Alejandría, en East Lansdowne (Pensilvania), le inculcaron un profundo amor a Dios y por todo el pueblo de Dios. Ella se sentía orgullosa de haberse graduado de la Escuela Secundaria West Catholic de Filadelfia, Pensilvania, donde conoció a las Hermanas de la Misericordia, quienes fueron su inspiración.  

Respondiendo a la llamada a la vida religiosa, Anne ingresó en el Convento de la Misericordia de Merion, Pensilvania, a los diecinueve años. Obtuvo una licenciatura en Historia de Gwynedd Mercy College (ahora Gwynedd Mercy University) de Gwynedd Valley, Pensilvania y una maestría en Teología del Instituto de Teología Aquinas de Dubuque, Iowa. 

En un principio, Anne impartió clases a estudiantes de primaria durante siete años en las archidiócesis de Filadelfia y de Richmond, Virginia. También fue directora de la escuela San Alfonso, en Maple Glen, Pensilvania durante tres años. Posteriormente, Anne dedicó sus dones a orientar y animar a la nueva pertenencia de la comunidad, desempeñando el cargo de directora de postulantes y como miembro del equipo de formación. Su ejemplo de bondad, vida de oración y testimonio de los votos de la vida consagrada inspiró a muchas mujeres durante sus años de formación y después de ello.  

El último ministerio de Anne, que abarcó casi cuarenta años, la llevó a sumergirse de lleno en la amplia labor parroquial de Nuestra Madre del Buen Consejo, en Bryn Mawr, Pensilvania. Dondequiera que hubiera una necesidad, Anne lo daba todo. Ya fuera preparando las liturgias diarias, brindando atención espiritual, liderando la ayuda a las personas pobres y sin hogar, cuidando a las enfermas o dando testimonio de su pasión por la justicia, Anne fue una presencia acogedora y misericordiosa para todos. La vida de Anne estuvo profundamente arraigada, firmemente cimentada y la vivió con fidelidad en la plenitud del amor y la misericordia de Dios.