El agua viva es de toda la gente, no de los centros de datos
Por Hermana Marlene Perrotte
«En todas las riberas del río habitarán multitudes de criaturas vivientes. Habrá gran cantidad de peces, porque estas aguas fluyen allí y hacen dulce el agua salada; así que donde fluye el río, todo vivirá. […] Árboles frutales de todo tipo crecerán a ambas orillas del río. Sus hojas no se marchitarán, ni sus frutos fallarán. Cada mes darán fruto, porque el agua del santuario fluye hacia ellos. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas para la curación»
Ezequiel 47:9, 12
La Temporada de la Creación 2026, del 1° de septiembre al 4 de octubre, ofrece oportunidades para la oración y la acción mientras se explora el tema de este año: Agua viva. El tema proviene de Ezequiel 47:9, 12 como una poderosa visión bíblica de esperanza y sanación ecológica. En un contexto de exilio y pérdida, la imagen del agua viva que fluye del santuario de Dios revela la sanación divina que renueva la tierra, el agua, la biodiversidad y la responsabilidad humana hacia toda la creación. Nosotras ofrecemos esta serie de historias sobre cómo las Hermanas de la Misericordia están actuando para cuidar de nuestras aguas vivas.
El agua está en peligro. Cada vez se le conoce más como el «nuevo oro» o el «oro azul», ya que el agua limpia y potable se está volviendo escasa en todo el mundo.
Vivir en el desierto alto de Nuevo México me hace valorar mucho el agua.
Durante más de 30 años he trabajado junto a otras personas de mi estado adoptivo para proteger el agua de amenazas que van desde la contaminación por residuos nucleares y el uso excesivo por parte de la agroindustria hasta las graves sequías causadas por el cambio climático.
Los centros de datos, que consumen grandes cantidades de agua, amenazan la vida en la Tierra del Encanto — el apodo oficial del estado — como nunca antes.
Nuevo México ya cuenta con 20 centros de datos y se están construyendo tres nuevos de gran envergadura. El que más preocupa es el Proyecto Júpiter, cuya construcción comenzó en septiembre de 2025 y que será uno de los centros de datos más grandes del mundo. Se encuentra en el condado de Doña Ana, azotado por la sequía, donde yo viví una vez.
Esta gigantesca instalación, de unas 567 hectáreas, «podría tragarse al Central Park de Nueva York», según la Radio Pública Nacional (solo en inglés). Consumirá millones de galones de agua para enfriar la maquinaria de inteligencia artificial (IA) de los gigantes tecnológicos mundiales Oracle y OpenAI. El proceso de obtención de permisos y las audiencias públicas se han llevado a cabo a toda prisa y, en ocasiones, de manera secreta.
Hace poco participé en una manifestación en la capital del estado, en Santa Fe, en contra de las últimas medidas adoptadas para el Proyecto Júpiter: la tramitación acelerada de un permiso ambiental que permitiría que un centro que ya es el mayor contaminador del estado emita más contaminantes, y la construcción de un pozo de agua de emergencia. Poco después, la Corte Suprema de Nuevo México dictó suspensiones temporales (solo en inglés) respecto al permiso y al pozo, lo que demuestra que la presión pública sí importa.
Durante este Tiempo de la Creación, cuyo tema, «Agua viva» (Ezequiel 47:1-12), hace hincapié en la protección de las aguas vivificantes de Dios en todo el mundo, yo invito a las personas de fe y de buena voluntad a plantarle cara a los centros de datos, como ya lo están haciendo muchas personas decididas, y a ayudar a reordenar los valores que impulsan nuestra sociedad consumista.
Como una Hermana de la Misericordia dedicada al cuidado de la Tierra, que está cubierta en más del 70 por ciento por agua, yo invito a todas las personas a considerar la sed insaciable de los centros de datos en el contexto de un planeta reseco, donde un tercio de la humanidad vive en zonas con estrés hídrico y donde innumerables especies de plantas y animales se encuentran amenazadas como nunca.
No se debe permitir que los centros de datos propiedad de oligarcas multimillonarios consuman enormes cantidades de agua que pertenecen a todas las personas.

El sufrimiento de la Tierra y el de las personas migrantes están entrelazados
Los centros de datos medianos consumen hasta 1.1 millones de litros de agua al día, mientras que las instalaciones grandes utilizan hasta ¡casi 19 millones de litros diarios! Según el Instituto de Recursos Mundiales (solo en inglés), eso equivale al consumo de una pequeña ciudad. Para 2028, los centros de datos podrían necesitar más de 121 mil millones de litros de agua al año, el equivalente al consumo doméstico interno de 360.000 hogares.
Mientras tanto, las autoridades no pueden ofrecer suficiente agua potable a las personas inmigrantes que se encuentran detenidas en el Centro de Detención del Condado de Torrance, en Estancia, un pequeño pueblo cerca de Albuquerque, donde sirvo en defensa de quienes buscan asilo — todos ellos hombres — y brindo apoyo pastoral a sus familias siempre que sea posible.
Durante una visita reciente, me reuní con inmigrantes que presentaban erupciones cutáneas y llagas causadas por el agua. Desde hace más de un año, las personas inmigrantes denuncian problemas con el agua en el centro, entre ellos inodoros que no descargan, duchas sin agua y aguas residuales que se desbordan en las celdas.
La instalación, administrada por Core Civic, una empresa con fines de lucro contratada por la Agencia de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), es el mayor consumidor comercial de agua de la ciudad, la cual ha tenido que traer agua potable desde finales de junio de 2026. Sin embargo, los responsables de la instalación insisten en que no hubo problemas de seguridad con el agua.
Y pensemos en la cuenca seca del Río Grande cerca de mi casa. Más de 160 kilómetros del tramo medio del Río Grande están secos, incluso en el corazón de Albuquerque, debido a la sequía histórica y a las nevadas en las montañas, que han alcanzado un registro mínimo sin precedentes. Los agricultores no pueden regar adecuadamente sus cultivos.
Los clamores de la Tierra y los clamores de las personas empobrecidas están profundamente entrelazados, como señaló el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’. Es por eso por lo que los Asuntos Críticos de las Hermanas de la Misericordia de cuidar la Tierra y las personas migrantes están tan entrelazados.

Sanar nuestra crisis espiritual
La crisis mundial del agua es una crisis espiritual. Nos desafía a examinar nuestros valores sobre lo que realmente importa. Los seres humanos, especialmente los poderosos, deben pasar de una cosmovisión patriarcal basada en la dominación, la subyugación y el extractivismo a una ética de sustentabilidad mutua.
Debemos tomar muy en serio las poderosas enseñanzas de Magnifica Humanitas (Humanidad Magnífica) (solo en inglés), la encíclica del Papa León XIV, y no permitir que la IA y los centros de datos arruinen a la humanidad y a nuestro precioso planeta.
Al celebrar el Tiempo de la Creación, veamos el agua como un bien público, como un bien común y un regalo de nuestro Creador amoroso. Recuperemos nuestra pasión y nuestro entusiasmo por toda la vida en este hermoso y pequeño planeta azul, la Tierra, que gira en la galaxia.