Por Hermana Eileen McDonnell
Dos de mis citas favoritas de nuestra querida Catalina McAuley son: «Ten mucha ternura en todo» y «Nunca podemos decir que es suficiente».
Nuestra llamada a vivir estas máximas cobra un significado especial mientras celebramos el Mes del Orgullo. Tal y como se afirma en nuestro Compromiso del Capítulo 2023, «Estamos llamadas a actuar para que nuestras vidas y ministerios reflejen amor inclusivo y justicia hacia las personas LGBTQ+”». En otras palabras, estamos llamadas, como Hermanas, Asociadas, Asociados y Compañeras de la Misericordia, a vivir un espíritu de hospitalidad radical hacia todas las personas. De manera especial este mes, estamos llamadas a profundizar en nuestro aprendizaje y nuestra sensibilización sobre cómo podemos crecer para hacer de la Misericordia un lugar seguro de acogida e inclusión.
Se puede empezar por la educación y una mayor sensibilización, algo tan sencillo como las definiciones y el uso de los pronombres: ella, él, ellas/ellos, elle.
Las reglas gramaticales tradicionales insistían en que era incorrecto utilizar «ellas/ellos» para referirse a una sola persona. Yendo un paso más allá, las concepciones anticuadas sobre el género nos convencieron de que debíamos establecer una dicotomía entre hombre o mujer, él o ella. La hospitalidad radical nos invita a adoptar una forma de pensar más amplia que prioriza el respeto mutuo por encima de las normas culturales arbitrarias. Ofrece una «buena taza de té» en sentido figurado a otra persona, honrando quiénes son realmente, independientemente de las presiones externas que les imponen las expectativas sociales del binario de género. El uso de los pronombres ellos/ellas, elle, en su sentido estricto, es decir, en el uso lingüístico correcto de la palabra, puede y debe formar parte de nuestra identidad como seguidoras de Cristo, hijas de Catalina McAuley y embajadoras de la hospitalidad radical. Es una forma de crear un espacio acogedor. Sirve como señal de que somos una comunidad que acoge a todas las personas.