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Por la Hermana Rose A. Palacio, Directora Médica, Mercy Community Hospital, Inc., Ciudad de Iligan, Mindanao, Filipinas

Cuando el COVID-19 golpeó a Ciudad de Iligan en 2020, el hospital local del gobierno no estuvo equipado para tratar a pacientes con COVID. Mercy Community Hospital, Inc., les abrió la puerta a estos pacientes.

Se formó un equipo de preparación para el COVID, compuesto por personal del hospital y especialistas médicos. Se desarrolló una infraestructura en el hospital para dar cabida a pacientes, enfermeras y doctores. En el punto pico de la pandemia, todas las camas estaban ocupadas y la lista de espera era larga.

Nos enfrentamos a lo que necesitábamos y los costos que tomaría comprar un equipo especializado, como un respirador de alto flujo, un ventilador y una máquina de hipoperfusión.

El censo del hospital, que es la cantidad total de pacientes que han sido admitidos en la instalación dentro de un tiempo determinado, disminuyó un 25 por ciento. Esto impactó el flujo de efectivo que habría provenido de reclamos procesados por Philhealth, el seguro de salud nacional.

Pero el reto más grande fue cómo podríamos continuar con los salarios de los 236 empleados que dependían prácticamente de nosotras en estos momentos críticos.

Con la mente y el corazón perturbados, me senté frente al Santísimo Sacramento con la esperanza de recibir ayuda para aliviar mi carga. La luz del Santísimo Sacramento cautivó mi atención. Con lágrimas en mis ojos le pedí al Señor que me ayudara. Le pregunté qué era lo que Él quería que hiciera. Sabía que Él no me abandonaría, que me esperanzo en Él, mi Dios de las Misericordias, que me ha escogido a pesar de lo que soy y sin fijarse en mis infidelidades.

No fuimos abandonadas. Con gratitud, recibimos abundantes bendiciones y pudimos compartir más de lo suficiente con nuestros empleados, pacientes móviles y con otros que necesitan ayuda, brindando alegría y risa a muchos.

No hay un día en que no me pregunte cómo vivo en mi relación con Cristo. Me pregunto si la gente que me rodea es feliz. Tengo un largo camino por recorrer. Creo que, al reducir mi egoísmo, creceré en felicidad y santidad. Creo que el mejor momento para compartir es ahora y no mañana. Mantendré mis necesidades y deseos sencillos y a su vez pocos. Se me pide mucho porque he recibido mucho.

Alabo al Señor, que es bondadoso y misericordioso conmigo, ahora y siempre. Amén.