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Miércoles de Ceniza – 5 de marzo del 2025
De Hermana Lillian Jordan, Belmont, Carolina del Norte, Estados Unidos
Pero aún ahora–oráculo del Señor–
Joel 2, 12-13
vuelvan a mí de todo corazón,
con ayuno, llantos y lamentos.
Desgarren su corazón y no sus vestiduras,
y vuelvan al Señor, su Dios.
Las cenizas nos son un recordatorio de que todo lo que somos viene de Dios, y que en lo que nos convertimos depende de nuestra apertura al amor incondicional de Dios en nuestras vidas y nuestra respuesta al ejemplo de la vida, muerte y resurrección de Cristo, el don pleno de Cristo de sí mismo a nosotros.
Nuestro caminar cuaresmal nos llama a centrarnos en lo que realmente es importante, para llegar al meollo del asunto. En la lectura de hoy del profeta Joel, oímos la advertencia a rasgar nuestros corazones, no nuestros vestidos. Los signos externos de nuestro compromiso con la conversión -el ayuno, la oración y la limosna- son parte integral de nuestra observancia cuaresmal. Más importante aún, el cambio de corazón habla del desafiante caminar interior de conversión que nos lleva a la plenitud de la vida. Si bien nuestra atención a esta verdad se intensifica durante el tiempo de Cuaresma, es una conversión diaria a la que se nos llama en cada temporada. Joel continúa: «Incluso ahora», dice el Señor, «arrepiéntete y vuélvete a mí». Aleja lo que te separa de mí y sé mía/o.
En respuesta a esa llamada amorosa, aceptamos la responsabilidad de ampliar nuestra visión para incluir a todo el pueblo de Dios y, de hecho, a toda la creación.
El papa Francisco habla del corazón en su Encíclica «Sobre el Amor Humano y Divino del Sagrado Corazón de Jesucristo»:
La reconciliación y la paz también nacen del corazón. El corazón de Cristo es «éxtasis»; es apertura, es don y encuentro. En el corazón aprendemos a relacionarnos mutuamente de manera sana y feliz, y a edificar en el mundo el reino de Dios de amor y justicia. Nuestros corazones, unidos al corazón de Cristo, son capaces de obrar este milagro social (artículo 28).
Que este tiempo de Cuaresma sea uno de días benditos de sincera conversión.
Día 2 – 6 de marzo del 2025
De Elsa Cromarty, Asociada, East Coast Demerara, Guyana
Después dijo a todos:
«El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo,
que cargue con su cruz cada día y me siga.Porque el que quiera salvar su vida, la perderá
y el que pierda su vida por mí, la salvará.¿De qué le servirá la hombre ganar el mundo entero,
Lucas 9, 23-25
si pierde y arruina su vida?
A medida que el mundo gira, se produce un cambio en los valores que provoca una desconexión entre nosotras, las demás personas y el medio ambiente. La gratificación instantánea se ha convertido en la norma. Y, en cierto modo, la vida se ha vuelto «más fácil». La comodidad del mundo ejerce una fuerte atracción, ya que remodela nuestra existencia.
Este pasaje nos invita a examinar detenidamente nuestras prioridades. Nos obliga a preguntarnos: ¿a qué nos estamos aferrando? ¿Qué dice nuestra vida sobre nuestros valores? ¿Vivimos de una manera que refleje una entrega a la voluntad de Dios, o estamos constantemente tratando de protegernos de la incomodidad, el dolor y la pérdida? ¿Estamos centrando nuestra atención en ganar el mundo o en seguir el camino que Dios, nuestro creador, nos fija?
¿Confiamos lo suficiente en Dios como para desprendernos de las cosas a las que nos aferramos en busca de seguridad y, en su lugar, confiar en que, como seguidores de Cristo, encontramos la vida que siempre debimos vivir? Esta lectura es una invitación a experimentar la vida no aferrándonos a ella, sino entregándola con fe, sabiendo que Dios es quien realmente satisface. De esta manera, no solo se enriquece nuestra relación con nuestro creador, sino que se profundiza nuestra comprensión de quiénes somos y por qué existimos.
En esta reflexión, se nos llama a vivir cada día de una manera que refleje el amor de Cristo, con sacrificio y desinterés. Debemos elegir a Cristo por encima de la comodidad, el servicio por encima de nuestro propio interés y la vida eterna por encima del placer instantáneo que es tan fugaz.
Día 3 – 7 de marzo del 2025
De Hermana Elva De Castro, Zamboanga City, Filipinas
¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso llamas ayuno y día aceptable al Señor?
Este es el ayuno que yo amo –oráculo del Señor–: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos;
compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.
Isaίas 58, 5-7
Hoy, nos adentramos en una investigación de discernimiento centrada en la pregunta: «¿Por qué ayunamos?». Esto se hace eco de la pregunta que los discípulos de Juan le hicieron a Jesús: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, mientras que tus discípulos no lo hacen?».
Estas preguntas nos invitan a discernir nuestras motivaciones para observar el ayuno de Cuaresma. ¿Nos motiva el interés propio o nos inspira Jesús, el Misericordioso? Estas reflexiones también nos llevan a examinar los frutos de nuestro ayuno, como se destaca en Mateo 7,15: «Por sus frutos los reconocerán».
Con la guía de Isaías (58,3-4, 6-7), podemos distinguir entre los frutos del ayuno impulsado por el ego y un ayuno arraigado en el amor y la misericordia de Dios. El primero disminuye la dignidad del pueblo de Dios que sufre, mientras que el segundo busca restaurarla.
Por lo tanto, ayunamos por el amor de Misericordia, para sensibilizarnos espiritualmente ante el sufrimiento de las demás personas y comprometernos a actuar para restaurar la dignidad del pueblo de Dios que sufre.
Día 4 – 8 de marzo del 2025
De Hermana Rayleen Giannotti, Cumberland, Rhode Island, Estados Unidos
Después Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme».
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?».
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan».
Lucas 5, 27-32
Una palabra, «Sígueme», cambió la vida de Leví. Las Escrituras nos dicen que el médico que Jesús llamó, Leví lo dejó todo, se levantó y le siguió. ¿Recuerdas la primera vez que oíste la llamada, la llamada de Cristo a tu corazón? Tal vez hubo una pausa, una vacilación, una pregunta: «¿Puedo hacerlo?». Sin embargo, algo impulsó tu sí, tu confianza en la gracia de Dios. Tú seguiste.
Reflexionar sobre una época en la que la «llamada» era tan fuerte y evidente puede servirnos hoy. Hoy es un nuevo día; y ciertamente no somos tan jóvenes como cuando respondimos por primera vez con nuestro rotundo sí a la llamada de Cristo. Sin embargo, me atrevo a decir que la respuesta de hoy a la invitación de Cristo «Sígueme» es tan crítica y quizá más crítica que la primera vez que «lo dejamos todo, nos levantamos y seguimos a Jesús». Entonces, tal vez, los «fariseos» y los «escribas» de nuestros días se quejen de ti y de mí.