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edad 93 

Hermana Mary Albertine Paulus fue Hermana de la Misericordia por 73 años. Obtuvo licenciatura y maestría en matemáticas de la Universidad Edgecliff en Cincinnati y la Universidad Peabody en Nashville, Tennessee. 

Un número incalculable de estudiantes de primaria, secundaria y universidad recibió instrucción de ella en su carrera de 32 años como maestra en escuelas en Nashville, Memphis y Knoxville, Tennessee y en Cincinnati y Toledo, Ohio. Mientras servía como coordinadora para el Convento San Bernardo en Nashville, empezó su asociación con el Centro Médico de Santa María, Knoxville, como integrante de la mesa directiva en 1977. 

En 1986, Hermana Albertine fue invitada a servir a la Diócesis de Nashville como directora del programa de renovación de parroquias, RENEW.  Cuando se terminó ese programa en 1989, el obispo de la nueva Diócesis de Knoxville la invitó a establecer la Oficina de Evangelización, donde programas de RICA implementados en cada parroquia fomentaron la fe en miles de nuevos católicos en el este de Tennessee. Siguió en ese puesto hasta 2009. 

La participación de Hermana Albertine en peregrinaciones diocesanas empezó al acercarse el Año de Jubileo de 2000 y el Papa Juan Pablo II animaba a católicos a hacer una peregrinación a Roma. Su experiencia en llevar a estudiantes de viaje desde 1971 y sus fuertes habilidades de organización y educación la prepararon para un ministerio fructífero de planificar y coordinar más de 30 peregrinaciones. Cientos de personas participaron en viajes a Tierra Santa como también a Roma y Asís, Irlanda, Polonia, España y Portugal, Francia y santuarios en Grecia y Turquía. 

El amor por la música fue una parte integral de la vida de Hermana Albertine. Empezó a tocar el órgano en quinto grado y llegó a ser la organista de la parroquia a la edad de 13 años. Planeaba la liturgia y tocó en numerosas reuniones de iglesias, de la Misericordia y diocesanas, y ayudó a planear la música para la ordenación de dos obispos en Knoxville. 

Como reconocimiento de su trabajo dedicado en áreas de evangelización, Hermana Albertine recibió el honor prestigioso de la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice lo cual significa «por la Iglesia y el Pontífice», en 2006. En la celebración de su jubileo en 2009, Hermana Albertine dijo que no pensaba detenerse. «Todas hacemos lo que podemos mientras estamos aquí en la tierra. Se trata de hacer lo mejor que se puede cuando tienes la oportunidad. Después, todo está en manos de Dios porque la obra es suya, no nuestra». 

Hubo algo invencible en Hermana Albertine – inteligente, abierta de corazón, generosa. Fue servidora, dedicada a hacer el bien que Dios la llamó a hacer. Sigue viviendo en nuestra memoria como apasionada, alegre, cariñosa, valiente y audaz, creyendo que podía cambiar el mundo – y así lo hizo – persona a persona.