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«Enseñar en el espíritu de la Misericordia» y «Palabras de inspiración para colegas educadores»

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Este año, honrando el Día Mundial de las/los Docentes designado por la UNESCO y que se celebra cada 5 de octubre,publicamos las reflexiones de dos educadoras de las escuelas de la Misericordia en Guam. Ellas comparten con nuestros lectoresla forma en la que intentan ser y modelar la Misericordia para sus estudiantes y sus comunidades escolares. Después de más de 18 meses de pandemia, estas dedicadas docentes–y muchos más como ellas– son realmente una luz para los demás. Visiten Educación de la Misericordia para conocer más historias.

Enseñar en el espíritu de la Misericordia

Por Maria Lucia M. Estoy, Asociada de la Misericordia y educadora de Guardería y Jardín de Infancia Católica Niño de Praga (Mangilao, Guam)

Soy asociada de la Misericordia y enseño en el jardín de infancia Niño de Praga desde hace 27 años.

La Misericordia ha tocado mi vida de muchas maneras. Ser asociada de la Misericordia y educadora de la Misericordia me ha ayudado a saber quién soy, cuál es mi propósito y cómo puedo marcar la diferencia en un mundo tan necesitado de paz y amor.

Una fuente de orientación para mi vida ha sido esta frase expresada por Catalina McAuley: «Deberíamos ser lámparas que brillan, dando luz a todos lo que nos rodean». ¿Cómo puedo ser yo esa luz para el mundo? Me baso en las lecciones de la Misericordia: la compasión, la comprensión, la oración, la humildad, el respeto, la simpatía, el valor, y las obras corporales y espirituales. Todas ellas me hablan como educadora, del lenguaje, la acción y el amor de la Misericordia.

La pandemia de COVID-19 nos ha planteado muchos retos como docentes, y la Misericordia me ayuda a ponerme en el lugar de los padres y de cada estudiante para entender sus retos, miedos y tensiones. Nuestra escuela ha vuelto recientemente a la enseñanza presencial y el profesorado comienza cada mañana con una oración para que todos los niños a nuestro cargo, así como nosotras mismas y nuestras familias, se mantengan a salvo de la enfermedad.

Para ser una lámpara brillante, educo a los pequeños y ayudo a moldearles y formarles para que alcancen su máximo potencial. También participo con las Hermanas de la Misericordia en la oración por todos los necesitados, en la defensa de los demás y en la práctica de los valores del Evangelio en nuestra vida diaria.

Estoy agradecida de ser una docente de la Misericordia. Cultiva en mí el valor de tender la mano a los necesitados, tratar a todos con respeto y actuar con compasión. Trato de vivir la Misericordia cada día, fiel a mi llamado como asociada y educadora.


Palabras de inspiración para colegas educadores

Por Mae M. Japitana, docente de preescolaren la Guardería Católica Mercy Heights de Perezville-Tamuning, Guam

Nuestro mundo actual se encuentra en una gran turbulencia. Los países tienen dificultades económicas y la vida y la salud de las personas se resienten debido a la pandemia de COVID-19. Todo el mundo está luchando por sobrevivir al actual escenario en el que vivimos.

Durante este tiempo de agitación, nosotras, desde la familia de la Misericordia, podemos tender la mano, ofrecer servicios y proporcionar ayuda a nuestros vecinos y a nuestra comunidad. Realizando sencillos actos de bondad y compasión, y proporcionando atención y educación de calidad a los niños que se nos confían, podemos encender la esperanza, la simple alegría y el consuelo en nuestros pequeños y sus familias. Dedicar algún tiempo a escuchar a sus padres puede ayudar a aliviar la tensión, la ansiedad y las cargas que experimentan. Y lo que es más importante, ofreciendo oraciones y animando a las familias que nos rodean a acudir a Dios, podemos elevar sus espíritus y darles esperanza y fuerza para afrontar los retos diarios de la vida.

Como educadores de la Misericordia, arrojamos luz a los niños que están a nuestro cargo. Sigamos levantando nuestra antorcha en alto e iluminemos el mundo para un mañana mejor y más brillante.