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Una canción sagrada, recordada

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Por Liz Dossa

En honor del 94° cumpleaños de Hermana Suzanne Toolan, el 24 de octubre, y a los 55 años desde que compuso el himno de gran influencia «Yo soy el Pan de Vida», la Misericordia publica una reflexión que ella escribió recientemente sobre la composición y recepción del himno, junto con la siguiente introducción, para establecer el contexto.

Hermana Suzanne Toolan publicó «Yo soy el Pan de Vida» en 1966, justo después que el Vaticano II cambiara la celebración de la Misa y el canto de los himnos del latín a la lengua vernácula. El cambio de una liturgia en latín fue inmenso. Como directora de coros y liturgista, Suzanne sabía que las congregaciones necesitaban ánimo para cantar. Su intención fue escribir una pieza memorable con un estribillo, aunque, como dice ahora sobre la composición, «Es difícil de cantarla».

Sea difícil o no, «Yo soy el Pan de la Vida» se hizo muy popular. El fundador de la Asociación Nacional de Músicos para la Pastoral, Padre Virgil Funk, la llama «la composición más significativa de la música antes de Michael Joncas [el compositor más conocido por «En las alas del águila»]. Llegó a ser la pieza musical más cantada de la época». La resurrección en su texto infunde esperanza a la gente. Su obra fue parte del movimiento de la música eclesiástica desde la misteriosa y reconfortante oscuridad del latín a la luz de la lengua vernácula.

En ese entonces Suzanne pensó que el himno combinaba un sentido horizontal de la presencia de Dios en la comunidad de fieles con un sentido vertical de la persona en relación con Dios. Después, para ser más inclusiva, cambió los pronombres de «él» a «ellos» y, en el funeral de una mujer, a «ella». Ha sido cantada en todo el mundo, en muchas denominaciones y en muchos idiomas.

En este y otros himnos que ha escrito durante años, Suzanne ha aprovechado los puntos fuertes de la comunidad religiosa y los ha reflejado a través del prisma de sus talentos. Su estrella ha brillado, iluminando el camino de la música y la oración contemporáneas.

Una vez un comentador conservador apuntó directamente contra «Yo soy el Pan de Vida», y Hermana Suzanne no lo ha olvidado, pero quizás lo ha perdonado.

A continuación, la reflexión de Suzanne sobre esa experiencia.


«Ese himno espantoso» es un obsequio de la gracia

Por la Hermana Suzanne Toolan

La primera vez que vi estas palabras (o similares) sobre «Yo soy el Pan de Vida», hirieron mis sentimientos por unos instantes. No puedo recordar las palabras con exactitud, y por cierto ya no duelen. Fueron impresas por un caballero distinguido que lamentaba de que la Fiesta del Corpus Christi casi fue arruinada para él ya que «ellas/os» cantarían casi con seguridad ESE himno.

No era un problema ya que yo lo había escuchado anteriormente. La objeción al himno era que nosotras/os, la asamblea reunida, estábamos atribuyéndonos esa letra. Habíamos tenido la audacia de pensar que NOSOTRAS/OS éramos el Pan de la Vida.

¿No se daban cuenta estos objetores de que SABÍAMOS que era Jesús quien lo decía y no nosotras/os? Al repasar la historia de la música sagrada, ¿no sabían que era una práctica común que las/os compositoras/es agregaran música a los textos Sagrados de esta forma?

Ahora, después de muchos años, puedo preguntar: ¿Puedo—podemos—decir, «Soy—somos—el Pan de Vida»? ¿No somos nosotras/os quienes somos el Cuerpo de Cristo destinadas/os a ser pan para los demás?

Recuerdo otro himno que escribí: «Somos tus ojos para ver que no hay más que una gran familia… somos tus oídos para escuchar el llanto de los niños de todas las razas…». Pudiéramos agregar palabras como, «Somos el pan que da vida y salud para los necesitados…».

Cuando escribí «Yo soy el Pan de Vida», fue para que se cantara en un evento eucarístico de nuestra diócesis. Para ser específica, fue para la Bendición del Santísimo Sacramento. La bendición fue un servicio de adoración del Santísimo Sacramento, una práctica venerada en nuestra tradición y un servicio que aún honramos. El énfasis del servicio está en la adoración. Pero Jesús no dijo, «Tomen y adoren», él dijo «tomen y coman».

En nuestra Arquidiócesis de San Francisco, hay quienes temen que estemos descuidando el honor debido al Santísimo Sacramento. Prefieren el latín porque creen que rodea el Misterio Sagrado de modo más reverente. Algunos piensan que al usar el término «banquete» para Eucaristía, disminuimos nuestra postura de reverencia.

Bueno, Jesús dijo, «Yo soy el Pan de Vida», y se nos llama a venir y comer, como también a compartir. Nuestras vidas están al servicio del Evangelio. Dios nos ha dado este don de la gracia.


Para más escritos de Suzanne, visiten su blog: Toolan Tales.